Chistes de carteros

Os hemos preparado una buena colección de chistes de carteros para vuestro deleite, los cuales vais a poder compartir con aquellos que se dediquen a tan útil profesión, o incluso con vuestros amigos para disfrutar de un poquito de humor.

chistes de carteros

El trabajo está complicado en Correos

– Me han dicho que estás trabajando en Correos.

– Sí.

– ¿Y qué tal os tratan?

– No nos podemos quejar.

– Qué suerte, ya me gustaría que en mi trabajo me tratasen tan bien.

– Noooo, noo, que no nos podemos quejar.

¿Qué haces aquí, compañero?

Va un hombre por la calle y al cruzar una esquina le sale un «quinqui» y le dice:

– ¡¡Venga chaval, la cartera!!

El hombre, asustado, le da la cartera al «chorizo«, Y éste que la ve, va y le dice.

– Pero que mierda de cartera es esto, todo de imitación y ni un sólo billete.

– Venga, trae la cazadora

El hombre que le da la cazadora y el ladrón le contesta:

– Esto es todavía peor que la cartera, ¡¡es de plástico barato!!

Pero tío, ¿¿¡¡tú dónde trabajas!!??

– Yo soy cartero de Correos

En eso que el ladrón se levanta el antifaz y le pregunta:

– Coño, ¿y tú en que sección estás que no te he visto por allí?

Un detalle distinto y especial

Un señor que llega a la ventanilla y dice:

– ¿Me da un sello?, pero le quita el precio, que es para un regalo

Ya me ha llegado la jubilación

Después de 35 años de servicio repartiendo la correspondencia a diario en el mismo barrio, llegó el último día de trabajo para Juan, el cartero, antes de su jubilación.

Comenzó su último recorrido por la primera casa de siempre, y salió la familia entera a su encuentro, recibiéndolo con aplausos y felicitaciones.

En la segunda casa le regalaron una caja de puros con dedicatoria.

La familia de la tercera dirección le obsequió con un completísimo conjunto de utensilios de pesca, su afición favorita.

Y así prosiguió con su reparto, despidiéndose de tantas y tantas personas conocidas que le estimaban y con las que había compartido tantas vivencias de todo tipo, hasta que llegó a la última casa de la manzana donde lo esperaba María, la joven y hermosísima dueña, con un camisón negro transparente.

Ella le cogió de la mano, lo metió dentro, cerró la puerta, subió con él lentamente las escaleras que llevaban a su dormitorio y lo sentó en la cama. Con música de fondo de Barry White y Quincy Jones, le obsequió con un sensual striptease y luego le hizo el amor apasionada y desenfrenadamente.

Después de las dos mejores horas de sexo que Juan había experimentado jamás, bajaron las escaleras dirigiéndose a la cocina, donde ella le preparó un exquisito desayuno con tostadas, fruta, bollería y café.

Cuando Juan terminó de comer y cogió la taza de café, vio que bajo esta había un billete de 10 euros, a lo que comentó:

–  No tengo palabras para describir lo maravilloso que ha sido todo, pero… ¿para qué son los 10 euros?

Y María respondió:

Bueno, es que anoche le comenté a mi marido que hoy sería tu último día y que debíamos hacer algo especial para ti, y mi marido dijo: «¡Dale 10 euros y que le follen!».

chistes de carteros

Quién llama a la puerta – Chistes de carteros

¿En que se parecen los carteros y los huevos?

En que los dos golpean, pero nunca entran.

¿De quién es este niño?

Un amigo le dice a Jaimito que los mayores siempre guardan secretos inconfesables, y que por tanto, es muy fácil sacarles dinero simulando que uno sabe algo.

Jaimito decide hacer la prueba con su padre, se acerca mientras leía el periódico y le dice al oído:

– Lo sé todo…

El padre se asusta y le dice rápidamente:

– Bueno Jaimito… guarda silencio… toma 100 euros y no se lo digas a nadie.

Contento con el resultado, decide probar con la madre.

– Mama, acabo de enterarme, lo sé todo…

Asustada la madre le dice:

– Toma Jaimito 300 euros y no se lo digas a nadie por favor.

Llaman a la puerta y sale Jaimito a contestar, cuando ve al cartero le dice:

– Lo sé todo…

Entonces el cartero, con lágrimas en los ojos abre los brazos diciendo:

– ¡¡Hijo mío!!

Cuidado con la capacidad de los altos cargos de Correos

Un alto directivo de Correos padece estrés, y la Dirección lo manda un mes con todos los gastos pagados a una magnífica casa rural, pero el hombre se aburre tanto que acaba yendo a una granja cercana y suplica que le den algún trabajo para estar ocupado.

El granjero piensa que el «señorito» será incapaz de hacer nada bien. No obstante, le dice que reparta una inmensa montaña de estiércol por todo el terreno de siembra.

Ante el asombro del granjero, el directivo había terminado en veinte minutos y le pedía más faena. Así, el granjero le da un gran cuchillo y le pide que decapite 800 pollos.

Quince minutos después, había decapitado los 800 pollos y pedía más trabajo. El granjero, admirado, le encarga que separe un montón de patatas según su tamaño; las grandes a un lado, las pequeñas al otro.

Pasan algunas horas. El granjero, extrañado por la tardanza, va a ver lo que ocurre y se encuentra el montón de patatas intacto y al directivo con cara de frustración, con una patata en la mano a la que no dejaba de darle vueltas para observarla desde todos los ángulos posibles.

Cuando el granjero le pregunta cuál es el problema, el directivo responde:

– Verás, lo de repartir mierda y cortar cabezas lo hago con los ojos cerrados, pero esto de tomar decisiones… ya es otra cosa.

Correos en Rusia

Eran las 4 de la madrugada cuando unos fuertes golpes en la puerta despertaron al ciudadano soviético.

– ¿Quién es? – gritó.

Los carteros respondieron:

– dos agentes de la KGB, ¿Es usted el camarada Boris?

– S… s… sí.

– ¿Es cierto, camarada, que ha pedido permiso para dejar nuestro maravilloso país? ¿No está usted contento aquí?

– Claro que sí.

– Entonces, díganos, ¿por qué quiere irse?

– Sólo quiero ver cómo se vive en un país donde no se entrega la correspondencia a las 4 de la madrugada.

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Un buen padre

Un marido lleva su mujer al hospital porque va a parir.

Allí el médico le dice que existe una nueva máquina que quita un porcentaje de dolor a su mujer para que lo tenga el padre, y así reparten entre ambos el sufrimiento.

Empieza el parto y el marido pide un 20 % de dolor de su mujer, y nada, no siente dolor.

Entonces pide un 50 % del dolor de su mujer, y nada, no siente ningún dolor.

Finalmente pide el 100 % del dolor de su mujer y tampoco siente el dolor.

Después de parir, vuelven en su casa, y delante del portal está el cartero tirado en el suelo… retorciéndose de dolor.

Ese loro… es más peligroso de lo que parece

Entra un cartero en una casa, y encuentra un cartel que dice, «Cuidado con el loro».

El cartero hace caso omiso y continúa caminando, y encuentra otro cartel que dice, «No moleste al loro».

El cartero, un poco asustado, abre la puerta y ve un lorito pequeño y viejo con un cartel que dice, «Loro peligroso».

El hombre, riéndose, toca la jaula para saludar al lorito, el loro mira hacia abajo y dice a su perro:

– ¡Sultán!, ¡ataca a este intruso!

Los hijos del cartero

– Pues mi padre cuando murió me dejó a mi todo el centro del pueblo. A mi hermano mayor le dejo la periferia y todos los arrabales, y a mi hermano menor le dejo la parte norte.

– No sabía que tu padre fuese rico.

– ¿Rico? ¡Era el cartero!

Un interesante truco para pescar más

Un tío lleva tres horas pescando sin ningún resultado, y en esto que viene el cartero del pueblo, mete la mano en el agua y empieza a sacar truchas una tras otra.

– ¡Pero bueno!, ¿Cómo puede hacer eso?

– No, yo es que las pesco con la mano.

– Pero eso tendrá truco, ¿no?

– Bueno, como usted me ha caído bien le diré el truco. Lo único que tiene que hacer usted es meterle la mano, ahí mismo, a su mujer, y después venir a pescar. Al meter la mano en el agua los peces se sienten atraídos y los puede coger con la mano.

– Gracias, gracias.

Total, que el tío recoge los aparejos de pesca y vuelve antes de tiempo a casa para hacer la prueba.

Su mujer está limpiando los cristales y el tío llega por detrás y le mete la mano por debajo de la falda en el lugar correspondiente, a lo que la mujer dice:

– ¡Ay, carterito! ¡Que juguetón estas hoy!

La curiosidad del pequeño

Una noche, un padre escucha mientras su hijo reza:

– Dios bendiga a mami, a papi y a la abuela. ¡Adiós abuelo!

Al padre le parece extraño, pero pronto se le olvida. Al día siguiente, el abuelo muere.

– Seguro fue una casualidad – se dice el padre.

Casi tres meses después, el padre escucha mientras su hijo reza antes de dormir:

– Dios bendiga a mami y a papi. ¡Adiós abuela!

Al día siguiente, la abuela muere. Ahora el padre se encuentra hondamente preocupado, sospecha que el pequeñín tiene un don especial, poderes extrasensoriales que la ciencia y la razón no pueden explicar, pero más se preocupa cuando dos semanas después escucha de nuevo al hijo mientras rezaba de noche:

– Dios bendiga a mi madre. ¡Adiós papá!

Al padre casi le da un infarto cuando lo escucha, pero lucha por guardar la calma; respira hondo y se dice a sí mismo que puede haber una oportunidad.

No lo comenta con nadie, pero pasa la noche en vela, pidiendo perdón por todos sus pecados; se baña, desayuna bien temprano y se va directo al trabajo.

Se queda todo el día trabajando y cena en el trabajo, regresa a su casa una vez pasada la medianoche y, ¡sigue vivo!.

Cuando llega, lo primero que hace es disculparse con su mujer:

– Perdóname cariño, ¡He tenido un día terrible!

– ¿Que has tenido un día terrible? – contesta su esposa

– El de nosotros seguro que ha sido peor… ¡Hoy el cartero ha muerto en la puerta de la casa!

Un cartero muy trabajador

– ¡Toc! ¡Toc!

– ¿Quién es?

– El cartero.

– ¿Tiene carta para mí?

– No, pero he venido a decírselo para que no diga que es malo nuestro servicio.

Hay que ver lo que la lía el cartero

Una mañana, el cartero de la zona se encontraba repartiendo el correo, cuando de repente se encontró con José, el cual salía de casa con un montón de cascos de cerveza y vino vacíos para tirar a la basura.

– Vaya, José, parece que anoche tuvisteis una buena fiesta.

– Bueno, en realidad llevamos de fiesta desde el pasado sábado… Vinieron 20 parejas del vecindario y al final se descontroló la cosa, por lo que acabamos jugando a “Quién soy yo”.

El cartero se quedó pensando y preguntó:

– ¿Y cómo se juega a “Quién soy yo?

A lo que José contesta:

– Pues es muy sencillo. Todos los hombres nos metemos en una habitación y vamos saliendo uno a uno. Nos tenemos que cubrir con una sábana que tiene un agujero por el que asoma la… bueno, la amiga. Entonces, las mujeres tienen que adivinar quién es.

El cartero contesta:

– Pues la verdad es que suena muy divertido.

Y José responde:

– Pues por un momento todos pensábamos que estabas allí, porque te nombraron en todas las rondas.

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Cuidado con el cartero

Pedrito va con su padre a una venta de caballos, y cuando llegan, su padre empieza a ir, uno por uno, acariciándoles la cabeza, el lomo y después las patas.

Pedrito observa lo que hace su padre y le pregunta:

– Papá, ¿por qué le acaricias la cabeza, la espalda y las patas al caballo?

– Muy sencillo, hijo, es que quiero saber cuál de ellos es el mejor de todos para comprarlo.

– Entonces es mejor que volvamos pronto a casa – dice Pedrito.

– ¿Por qué, hijo?

– Porque el cartero creo que quiere comprar a mamá.

No te enamores del cartero

– ¿Es que somos novios?

– No.

– Entonces, ¿por qué siempre me ilusionas trayéndome regalos?

– Mire, yo sólo soy el cartero, tome su paquete y deje de molestarme.

Este cartero nunca se está quieto

– Ave María Purísima.

– Sin pecado concebida.

– Padre, he pecado.

– Cuéntamelo todo, hija.

– Me he acostado con el cartero.

– Pero por Dios, ¿qué es lo que os da ese hombre a todas?

A saber quién es tu padre

Un pequeño había nacido con problemas en el habla, y cuando cumplió los ocho años, empezó a buscar las razones por las que no podía pronunciar bien.

El joven iba, uno a uno, preguntando a todos los del pueblo:

– ¿Sabe pol que no puedo habla mien como toos lo desmás?

El panadero le contestó:

– No lo sé, hijo, quizás te diste un golpe de pequeño y perdiste la capacidad de hablar bien.

El maestro le dijo:

– Seguramente, con un poco de práctica podrás hablar mejor, pero no sé la causa por la que se ha producido tu problema.

También preguntó a la tendera:

– No lo sé, cariño, quizás te has mordido la lengua y te cuesta más pronunciar.

Y por supuesto, al cartero:

– Yo qeh zé, nene, peregúntale a tu made.

¿A qué se dedica tu marido?

– Mi marido es vidente.

– ¿Qué tiene dos dientes?

– Tú eres tonta, ¡que echa las cartas!

– Tú si que eres tonta, ¡¡entonces será cartero, coño!!

Hay que educar mejor a los perros

Los hijos, desde hacía tiempo, pedían a sus padres que adoptasen a un perro, y un día el padre apareció con un perro grande y fuerte.

Todos estaban muy contentos con el nuevo miembro de la familia.

Sin embargo, un día llegó el cartero y el perro se le abalanzó, y mientras que la madre hacía todo lo posible por separarlo, los niños gritaban:

– ¡¡Sinbolas!!, ¡¡déjalo Sinbolas!!

Con esto, llegamos al final de nuestra colección de chistes de carteros, y esperamos que hayáis pasado un buen rato leyéndolos.

Y por supuesto, os animamos a que echéis un vistazo al apartado de chistes, donde encontraréis un montón de chistes diferentes y divertidos para compartir con vuestros amigos.

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